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Los motores diésel han tenido una gran evolución en las tres últimas décadas. Actualmente, este tipo de propulsores no tienen nada que ver con aquellos lentos, humeantes y de sonido poco agradable de hace unas generaciones. En la actualidad son motores de refinado tacto en la mayoría de los casos, con buenas prestaciones y un filtrado sonido en caliente, con una amplia oferta de potencias que alcanzan todas las categorías. Y también han ido evolucionando su principal activo frente a los motores de gasolina, su consumo, más ajustado y a un precio menor del gasóleo frente a la gasolina.

Si miramos las ventas de los principales mercados europeos, y en especial el nuestro, a la hora de adquirir un coche nuevo la demanda de los vehículos movidos por motores diésel en las tres últimas décadas ha sido muy superior. Pero se está invirtiendo la tendencia…

En la actualidad los motores de gasolina van aumentando su presencia de nuevo, especialmente entre los coches de segmentos inferiores. De hecho, los motores diésel han desaparecido del catálogo de modelos del segmento A, el de coches ciudadanos. Casi todos los modelos urbanos que se venden ya están movidos por motores de gasolina o eléctricos, aunque la presencia de estos últimos sigue siendo insignificante.

Y entre los utilitarios, el siguiente segmento inferior, ya en algunas marcas la adquisición de motores gasolina en vehículos nuevos de esta categoría es netamente superior. También algunos fabricantes esperan que este mismo año el “mix” de ventas entre diésel y gasolina se iguale entre los modelos del segmento de los compactos, como ha ocurrido en el primer trimestre.

Entre los SUV, a partir de los de tamaño medio y los segmentos superiores del resto de categorías, la proporción de ventas de modelos diésel sigue siendo claramente superior, aunque también muestran ligeramente un cambio de tendencia.

Según datos de la asociación de fabricantes de automóviles ANFAC, muestran como las ventas globales en nuestro mercado de motores gasolina es ya de un 35,4 por ciento. La de coches diésel, de un 64,8, mientras que los vehículos eléctricos e híbridos, a pesar de aumentar su penetración en el mercado, apenas alcanzan el 1,6 por ciento del global.

Razones para comprar un coche diésel

La imagen de los coches movidos por motores diésel, humeantes, lentos y de tacto rudo, desapareció hace años para arrinconar a los motores de gasolina.

El claro inferior consumo de los motores diésel, un constante refinamiento en su entrega de potencia y funcionamiento, con el aislamiento cada vez mejor logrado del ruido que emiten, que en muchas marcas han conseguido que en caliente se asemeje al de un gasolina, les ha ido haciendo cada vez más atractivos.

También en su funcionamiento, con una reacción óptima de los motores diésel a bajas revoluciones (en los coches, no en los vehículos pesados en cuyos motores siempre se ha puesto mayor énfasis en este punto), con una buena respuesta al acelerador. Y a medio régimen de revoluciones los coches diésel permiten una capacidad de recuperación por encima de la que ofrecen los motores de gasolina.

La evolución de los motores diésel ha sido evidente, ayudados de la electrónica y unos sistemas de alimentación cada vez más efectivos, con la sobrealimentación con turbocompresores de menor tamaño y de geometría variable y el acoplamiento de dos y hasta tres de ellos, la efectividad de los inyectores y la evolución de la alimentación por conducto único (common-rail).

Razones de peso que justifican que la demanda de motores diésel en nuestro mercado superara el 90 por ciento. A lo que se une, claro está, el menor precio del gasóleo a la hora de repostar el combustible.

Los diésel consumen menos pero son más caros de mantener

Son claros los argumentos que respaldan a una gran mayoría de conductores a la hora de elegir un coche diésel frente a uno de gasolina, a pesar de que su compra resulta casi siempre más cara.

Pero frente a ese ahorro en el gasto de combustible de los coches diésel, a la hora de la compra de un coche nuevo hay que tener en cuenta la diferencia de precio existente en la mayoría de los casos respecto a un modelo equivalente de la misma marca con motor de gasolina. En muchos casos hay que hacer gran número de kilómetros a lo largo de la vida del vehículo para poder amortizar la compra, un hecho algo más acusado en los coches de segmentos pequeños. Si hemos pagado un precio en torno a 2.000 euros más caro por la variante diésel habrá que realizar en torno a 100.000 km para amortizar nuestra inversión extra apoyándonos en el ahorro de combustible. Pero en muchos casos, a partir de 30.000 a 40.000 km la inversión extra está amortizada.

A la hora de adquirir un coche diésel habrá que tener en cuenta también el coste de mantenimiento, pues resulta netamente superior, en torno a un 20-25 por ciento. Los sistemas catalíticos que utiliza un coche diésel para reducir sus emisiones son más abundantes y resultan costosos cuando hay que sustituirlos. No son eternos y se estropean en determinadas condiciones, como por el uso urbano, donde no pueden regenerarse, tal como ocurre con los filtros de partículas que montan cuando se usan con el motor frío frecuentemente.

Además, para combatir las altas emisiones de NOx que desprenden los motores diésel y cumplir con la normativa Euro VI, los modelos más potentes y pesados añaden un sistema de reducción catalítica por urea (adBlue). Para ello disponen de un depósito independiente que hay que rellenar con este aditivo cada 10.000 a 15.000 km, según el coche (unos 10 litros cada depósito, con un precio de entre 8 y 20 €).

También el precio que hay que pagar por el seguro a todo riesgo de un vehículo diésel es más alto, dado que su precio es superior. Este se sitúa entre un 10 y un 20 por encima.

Razones para decidirse por un motor de gasolina

Las restricciones en materia de emisiones contaminantes perjudican a los motores de gasolina frente a los diésel. Así, los fabricantes, sin detener la evolución de los motores diésel, han puesto más énfasis en el desarrollo de los propulsores de gasolina hasta reducir los consumos a cifras homologadas cercanas a las de los coche movidos por gasóleo.

Para cumplir con las normas en emisiones contaminantes, las marcas han ido reduciendo el tamaño de los motores, especialmente en gasolina. Raro es el fabricante que no tenga en su oferta algún motor tricilíndrico para sustituir al de cuatro equivalente, anunciando cifras menores de consumo homologadas. Aunque de momento no existe una clara diferencia en condiciones reales de tráfico respecto a las cifras de consumo del motor al que sustituyen.

Respecto al gasto de combustible, la cifras homologadas se han ido igualando, y los motores actuales de gasolina ofrecen un consumo moderado, en condiciones reales de tráfico esa diferencia respecto a los motores diésel se hace evidente. Según se aumenta la velocidad y se estira el régimen del motor, la diferencia en el consumo de un motor de gasolina aumenta netamente.

Los motores de gasolina han ido afinando su funcionamiento y los motores “downsizing”, dotados de sobrealimentación, con turbos de reducido tamaño e inyección directa, consiguen cifras de potencia equivalente y consumos menores que los motores de gasolina atmosféricos de elevada cilindrada. Son propulsores más elásticos, por lo general, que los diésel, de mejor tacto, con una gama de revoluciones mucho más aprovechable que les hace ser más agradecidos para disfrutar de su conducción.

En general, los motores actuales de gasolina son más suaves y agradables en su funcionamiento que los diésel. No tienen la misma respuesta generalmente a medio régimen que un diésel equivalente en potencia, que casi siempre disponen de un par máximo mayor, cediendo en recuperaciones, pero al que sí superan a la hora de acelerar estirando las marchas. Los motores de gasolina siguen ofreciendo una respuesta efectiva incluso superadas las 5.000 rpm, lo que es difícil que ocurra en un diésel más allá de las 4.000 rpm, si bien estos cada vez son más elásticos en su funcionamiento.

El ahorro en combustible y la autonomía superior que proporciona un diésel son claros argumentos para decidir la balanza de su lado. Pero un coche de gasolina de última generación aporta valores diferenciales para ser el elegido. Cuestión de gustos, porque el factor económico no supondrá en la mayoría de los casos una cuestión definitiva. La decisión definitiva debería venir marcada por el uso que vayamos a dar a nuestro coche.

 Fuente: RACE